Recuerdos de un Asesino



Prólogo
Este hombre es alto, solitario, tacaño, miope, puntual, pulcro, olvidadizo, hipertenso, curioso, sonámbulo, eufórico, impotente, atrofiado,  desconfiado, inquieto, misterioso, discreto, perfeccionista, infiel, retorcido, insatisfecho, guapo, listo, resentido, ansioso, glotón, analista, despreocupado, maniático y sin embargo… ¿Qué es lo que sabemos de él?
Él es Thomas Blair un chico de 19 años de edad, no tiene amigos, ni padres; es alguien con problemas con las drogas además de psiquiátricos; sufre de frecuentes migrañas y repetitivas alucinaciones a causa de su esquizofrenia, es esta una de las cientos de razones por las que vivía solo en un departamento que antes pertenecía a su padre. Era una construcción firme y lo mejor de todo es que era de la propiedad de la familia Blair, es por eso que Thomas no pagaba ni un solo centavo por su departamento, solo debía preocuparse por su alimentación, lo cual tampoco era problema ya que sus padres le habían dejado una jugosa herencia a su único hijo.
— ¡Cállate, Oliver!—Thomas tomo el jarrón que estaba justo en la mesa de noche y lo lazo contra el sofá. En donde se encontraba Oliver viéndolo detenidamente.
Otra pelea con Oliver, desde que los padres de Thomas murieron se han hecho más frecuentes. Oliver es la Némesis de Thomas, por así decirlo: es arriesgado, un Don Juan, no se guarda nada, es posesivo y muy impulsivo. Es por estas razones que manipula a Thomas como si se tratase de un juguete.
Los dos se encontraban en su departamento, la oscuridad invadía cada rincón de este, al punto en donde Thomas solo podía ver a unos centímetros de él. Era un lugar realmente hostil para Thomas.
—No puedes hacer nada para arreglarlo—Oliver no tardo nada en reprochar el comportamiento de Thomas a causa de la pérdida de sus padres.
— ¡Cállate! ¡Tú no sabes nada!—Nuevamente Thomas lanzó algo a donde se encontraba Oliver.
—Tom no seas infantil y enfréntalo—.
— ¡¿Por qué no mueres?!—Thomas ignoró las palabras que salían de la boca de su “amigo”, esta vez lanzó una silla la cual solo traspasó a Oliver y posteriormente se rompió en cachos.
—Soy parte de ti, no puedes matarme—Cada vez que Oliver decía estas palabras lo hacia con un tono burlón y esta no era la excepción. Caminaba dando vueltas alrededor de Thomas esperando su reacción.
Era la verdad, Oliver no podía morir, ni siquiera con los medicamentos desaparecía, tampoco en los sueños, todo momento en la vida de Thomas era una pesadilla. Thomas añoraba con esperanza a que el día en que Oliver se fuera llegara… pero sabía que eso no pasaría hasta que él muriera.
—Tienes razón, no puedes morir si yo no lo hago—Diciendo estas palabras y luego de meditarlo poco tiempo, Thomas se dirigió hacia los añicos de la silla, tomando una de las piezas de esta para luego mirar a Oliver.
—Hazlo… ¿Qué esperas?— Lo dijo de tal manera que Thomas solo explotó e hizo lo que debía de hacer. Una mancha de sangre invadió la alfombra, los ojos de Thomas perdían su brillo poco a poco, Oliver contemplaba la imagen sin hacer nada por ayudar a su “creador”, lo dejo morir. Eso era lo que Thomas deseaba y Oliver no arruinaría su deseo…

— ¡Maldición!—Thomas saltó de la cama y tomo una gran bocanada de aire, intentando estabilizarse.
— ¿Pesadilla?—Oliver apareció justo en frente de Thomas.
—Todos los días lo son…—Murmuró entre dientes y tenía razón.
Las mañanas de Thomas eran siempre lo mismo, parecía un robot haciendo todo rutinariamente, aunque no era su culpa era a causa de su enfermedad, tenía su habitación en completo orden, un orden compulsivo, todo era perfecto… hasta el punto en donde daba miedo. Encontrar algo desordenado o sucio era algo básicamente imposible.
— ¡Mierda! ¡Thomas! ¡Tom, mi niño!—Oliver solo tenía una debilidad: lo nuevo y extraño. Su miedo era algo que llegaba a niveles extremos, a causa de esto Thomas mantenía todo en perfecto orden e impedía que Oliver saliera del departamento. Haciendo que el ego de Oliver creciera poco a poco; pero este desaparecía cuando se encontraba en un lugar por primera vez.
— ¿Qué sucede?... ¿Qué es esto?—Thomas giró hacia donde le señalaba Oliver y encontró un sobre, el cual había sido deslizado justo por debajo de la puerta.
— ¡No lo sé! Pero no pertenece aquí… ¡Lo quiero fuera de aquí!—Oliver chilló y luego de esto se poso detrás del sillón, tratando de esconderse y protegerse de aquel “invasor”.
—Ya entendí, no es necesario que grites—Thomas no tuvo más remedio que salir de allí.
Una vez que reviso la calle para asegurarse de que no hubiera nadie, se dispuso a abrir aquel misterioso sobre. No tenia familia con quien pudiese tener contacto, era un chico solitario, su único “amigo” era Oliver.
“Tus padres… la verdad… ven a Mossville” Una carta hecha por diferentes tipos de letra. De alguna manera Thomas reconoció los diferentes modos de la escritura. Esto hizo que un escalofrió recorriera su cuerpo, a causa de este alzo la vista y al escuchar un sonido volteo a la derecha y vio a un hombre con gabardina negra y un sombrero que le cubría el rostro.
—…Deberías ir…—se escuchó decir al hombre con la gabardina.
Thomas volteo nuevamente hacia el sobre y cuando quiso responderle algo a aquel misterioso hombre, este ya no se encontraba en el pasillo. Thomas corrió hacia la dirección en donde estaba el hombre, era un callejón sin salida.  
— ¿Qué pasa Thomas? Te vez agitado—dijo un vecino preocupado, que observaba desde su ventana que daba hacia el callejón.
— ¡¿Ha visto al hombre con gabardina?! —.
— ¿Hombre con gabardina?... Thomas he estado aquí desde las siete de la mañana, no ha entrado nadie al callejón y no he visto a ningún hombre con gabardina bajar—dijo el vecino, intentado recordar algo fuera de lo usual.
Thomas regresó a su departamento, pensando que aquel hombre había sido una mala pasada de su mente.
Ve a Mossville, te vendrá bien…—Thomas escuchó esto antes de girar la perilla de su apartamento, volteó a todas direcciones pero no observo a nadie.
— ¡Oliver, empaca! ¡Daremos un paseo!—Por primera vez Thomas había tomado una decisión por si mismo, y no gracias a sus padres o a Oliver.
— ¡¿Estás loco?! Yo nunca he salido de estas paredes y no lo haré ahora—Oliver se resignó a la orden pero cuando vio los ojos de Thomas se dio cuenta que no era broma y no tenia otra elección que hacer caso.
Aquellos ojos oscuros, los cuales brillaban como gemas, y si los mirabas detenidamente podías percibir sus sentimientos; miedo, curiosidad y enojo, era lo que se veía. Aquellos ojos no podían mentir: estaba decidido a descubrir que sucedía en Mossville… su querido pueblo natal.

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