One Fate



Capítulo I: Final e Inicio
Ann miraba fijamente el reloj. Faltaba poco para que su avión saliera y ella quería ser la primera en abordarlo. Jayo sus maletas y se dirigió al avión pidió algunas indicaciones y luego de tres minutos estaba sentada en su respectivo lugar.

Cabello castaño rojizo, ojos color avellana, nariz respingada, rubor en sus mejillas, delgada, pequeña y con una sonrisa única, esa era Ann; una linda chica de 17 años

— ¿Se le ofrece algo, señorita? —Una azafata se acercó a preguntar.

— ¿Me podría traer un vaso con agua? —Ann se liberó de sus pensamientos un segundo y giro a ver a la azafata.

—Claro que sí, ahora se lo traigo—La joven dio un paso y fue interrumpida por Ann.

—Disculpe… ¿Puedo hacer una llamada? —Ann dejo en claro que era su primera vez en un avión.

—Por supuesto señorita, no hay problema—la azafata respondió con gentileza y luego se retiró por el vaso con agua.

Ann saco su móvil de su bolso y busco en el directorio de este, parecía impaciente por encontrar el número, se le veía una sonrisa de felicidad aunque sus ojos tenían una tristeza escondida. Paro en él un número y presiono la tecla de marcado.

Un chico con rulos color jengibre, una hermosa sonrisa y unos ojos que enamoraban, vestido con solo unas bermudas puestas se encontraba sentado en la sala con una portátil en las piernas, al parecer veía videos graciosos porque reía como maniaco.

— ¡Maldición Jay! ¿Cuántas veces te he dicho que no toques mi portátil? —Max bajo las escaleras y al igual que su amigo solo traía unos bermudas puestos; cabello opaco y ojos grises, era musculoso y alto, se veía alterado y al ver su portátil en las manos de Jay exploto.

—No lo sé… yo diría que más de una—Una sonrisa burlona apareció en el rostro de Jay, luego cerro la portátil de golpe, paso su mano por sus rulos sacudiéndolos un poco y luego se aproximó a Max.

—No empieces con esto—Max se echó para atrás y miro a Jay, estaba arrepentido de haber pedido su portátil de ese modo, ahora le esperaba un sermón de casi una hora.

—Ahora ni siquiera me quieres escuchar…—Si Jay era bueno para algo era para hacerse pasar por la victima de todo, Jayo la portátil y se la dio con fuerza a Max pero sin soltarla por completo—toma tu portátil, al fin y al cabo ya no la quiero… Pero algún día queras algo mío y no te lo daré.

—Jay ahórrate saliva y suelta la portátil—Max intentaba salir de esa situación pero Jay era un caso perdido, siempre te hacia perder tiempo y era un experto en hacerte sentir mal.

— ¡Nath! ¡Nath! —Cuando el chantaje no resultaba como era esperado, Jay tenía un arma secreta: Nathan.

— ¡Nathan dile algo a Jay! Quiero mi portátil de regreso—Si, Nathan era un arma de doble filo, la mayoría de veces favorecía a Jay para ahorrarse la discusión pero sabía que Max tenía razones para pelear.

—No discuto estoy escribiendo—Un chico con cabello castaño y ojos verdes, complexión delgada y alto, salía de la cocina, con lápiz en la mano y una servilleta en la otra, venia vestido un poco más decente, bermudas y una camisa. Ese era Nathan y se había ahorrado una pelea sin sentido: Punto para él.

Al ver la reacción de Nathan; quien los había ignorado por completo pasando por largo justo a un lado de ellos para sentarse en el sofá. Jay y Max se miraron mutuamente por unos segundos para luego gritar a la par.

— ¡John! ¡John! —Si, esto era una típica pelea, todos los días estos dos peleaban ya fuera por la portátil, o el móvil, la ropa o cualquier otra cosa. Ya estaban habituados a oír sus gritos y peleas sin sentido alguno, pero así eran ellos.

Los chicos cesaron sus gritos cuando vieron a John bajar por las escaleras, un hombre joven de veintitantos años de edad, traía puesto un traje y venia poniéndose la corbata, era el único bien vestido de todos; cabello castaño rojizo y ojos color avellana, se parecía demasiado a Ann, bueno al fin y al cabo era su sobrina, compartían genética.

— ¡John! Jay Jayo mi portátil y no quiere dármela—Max rompió el silencio que había provocado la presencia de John, los chicos serían unos desastrosos y fiesteros pero respetaban a su manager.

—Jay dale la portátil a Max, toma la mía—John dijo terminándose de arreglarse la corbata y dirigiéndoles una mirada a los chicos.

—Está bien… toma tu portátil—Jay le dio la portátil a Max y lo empujo un poco, a esto solo rieron, las peleas eran juego, era algo que hacían regularmente… como si se tratase de una familia.

John se dirigió al refrigerador y Jayo el jugo, sin importarle Jayo de la botella. Bueno cuatro chicos viviendo en una casa, sin ninguna chica o alguna presencia femenina, era de esperarse de que no tomaran importancia con esas cosas pero eso cambiaria.

—A Ann no le gustara eso…—Jay miro de reojo a John y lo dijo sin pensarlo dos veces. Hablar de Ann en la casa era algo delicado.

— ¿Llegara hoy, no es así? —Nathan dejo de ver la servilleta y dirige la mirada al reloj y luego a John.

—Si, hoy vendrá… llegara en unas tres horas—John tapo el jugo y lo regreso a su lugar. —Ann ha vivido con hombres, es normal para ella ver esto…

—… ¡Estoy ansioso por que llegue! —Max cambio de tema rápidamente, sabía que cuando John mencionaba “hombres” y “Ann” en una misma oración la situación se pondría fea.

—Yo también, no la conozco… tengo curiosidad por ver como es—Nathan le siguió la corriente a Max.

—No la conocen por torpes—Jay cerro la portátil y vio a los chicos a los ojos y luego hecho a reír.

—Fue todo culpa de Nathan, él cambio mi vuelo—Max miro con recelo a Nathan quien solo daba una sonrisa de inocencia y se encogía de hombros.

—… Pero Jay cambio mi vuelo, él también tiene la culpa—Nathan intento defenderse.

—Jay no cambio mi vuelo así que no me interesa él por ahora… Todo es tu culpa—Max se acercó con una actitud amenazante hacia Nathan.

—Bueno chicos, lo único que bueno que obtuvieron de ese viaje fue una semana completa muriendo de frio en las montañas—Jay rio un poco.

— ¡¿Qué rayos tiene eso de bueno?! —Nathan y Max gritaron al unísono.

Aquel verano John había decidido llevar a los chicos con Ann, ya que estaba previsto que vivirían juntos, querían una relación de amistad y compañerismo pero por “azares del destino” solo Jay pudo asistir a tal viaje. Nathan había cambiado el vuelo de Max, había sido influenciado por Jay para que Max pagara por todas las bromas que jugaba a los chicos pero al final Nathan fue traicionado. Nathan y Max habían conocido las frías y alejadas montañas del norte mientras que Jay había ido a las cálidas y pobladas playas del este.

— ¡Callen! ¡Mi móvil, mi móvil! ¿Dónde está? —John detuvo la pelea al escuchar su móvil.

—Debe de estar en el sofá, allí lo dejaste por la mañana—Nathan dijo rápidamente.

— ¡Aparta Jay! —John Jayo a Jay y lo tiro a un lado tomando su móvil del sofá. — ¡¿Bueno?!

—…John te oyes alterado… ¿Qué sucede? —La voz de Ann se oyó al otro lado de la bocina, su ánimo se contagiaba. Jay estaba casi seguro que Ann estaba sonriendo.

— ¡Trae para acá! —Jay grito y arrebato el móvil de la mano de John. — ¿Ann? ¡Hola! Soy Jay ¿Ya estás en el avión? ¿Ya comiste? ¿Quieres ir a comer un helado cuando llegue?... Espera te pondré en altavoz.

—Mmm… Eso del helado suena muy bien. Hola chicos, solo llamo para que sepan que ya estoy en el avión, estoy a pocos minutos de salir, llego en tres horas, vayan a recogerme… John ve temprano no quiero esperar mucho. Bueno me voy, hasta luego. —La llamada se cortó y los chicos no pudieron responder nada. John estaba escuchando todo, en un abrir y cerrar de ojos estaba tomando las llaves del auto y subiendo a los chicos al auto.

Fue cuestión de tiempo para que todos estuviesen en el auto y no necesariamente “decentes”, John estaba concentrado en no defraudar a Ann así que apenas colgó subió a los chicos al auto. Todos iban quejándose por cómo iban vestidos, por el calor, por cualquier cosa que se les pasara en la mente: la meta era fastidiar a John, quien termino dejándolos en medio de la carretera.

— ¿No podían haber cerrado la boca? —Nathan era la víctima en este caso, él iba callado y tranquilo y gracias a sus amigos termino en el problema.

—Como sea, vamos a casa… tengo hambre—Max comenzó a caminar, no le importaba en lo absoluto la situación.

John sentado en una de las tantas sillas en el aeropuerto esperaba a Ann, su pierna temblaba a voluntad, estaba impaciente a que su sobrina llegara. Quería verla, abrazarla, besarla y hablar con ella… Ann pasaba por algo difícil, su padre estaba enfermo, muy probamente seria su última enfermedad. John quería a su hermano y se preocupaba por el bienestar de Ann, es por eso que ya había firmado los papeles de custodia. La madre de Ann ya estaba en un mejor lugar y poco se sabía de su familia materna, es por eso que se mudaba con su tío y por ende con “One Fate” la banda del momento.

— ¡John! ¡John! —Ann se acercó con sus maletas a toda velocidad, fue un encuentro normal, lo abrazo y lo beso… luego hablaron. Nada se mencionó de la salud de Jack, el padre de Ann.

Un viaje en auto, fue algo incómodo ya que no se habló en todo el camino hasta que Ann decidió quebrar el silencio una vez que la casa se veía.

¿Sigues con las mimas reglas?pregunto Ann con temor a saber la respuesta. Mientras que John marcaba un numero en su móvil.

No, ahora tiene más libertad, supongo que se la ganaron… ¡Nathan abre la puerta!John grito a la bocina del móvil y de un momento a otro, la gran reja de metal de la casa se abrió, John solo paso el auto.

John, no estoy segura de esto… Es cierto que siempre quise tener hermanos mayores pero no sé cómo sean los chicos, solo Jay y él… pues él es élAun con ese último chiste se notaba que Ann estaba nerviosa.

    — ¿Los chicos?... Max es muy cariñoso, con él te llevaras de maravilla; y Nathan… pues Nathan tiene tú edad es mayor solo por meses, no creo que tengas problemas con él… Y ya sabes… Jay es Jay—John termino de decir esto justo en el momento en que aparco el auto, salió de este con maletas—. ¡¿Piensa bajar o no?!

John ya había llegado a la puerta de la casa, mientras que Ann todavía pensaba en salir del auto, después de unos segundos se armó de valor y salió del auto junto con las maletas que restaban, apenas iba a dar un paso en dirección a la casa cuando Jay salió como maniático de la casa, corrió a ella y la abrazo.

— ¿Ella es Ann? —Max salía de la casa acompañado de Nathan.

¡Esa no es manera de recibir a alguien!Jay dejo a Ann en el suelo y volteo a ver a los chicos. Su mirada daba miedo de alguna manera.

—… ¿Crees que sea buena idea acercarnos? —Nathan susurro a Max al ver la actitud de Jay.

Con esa actitud no creo, te aseguro que nos acercamos nos mata—Estaba claro que Jay y Ann ya tenían una amistad forjada.

—Ann, él es Max… si ese idiota para allí; y ese flacucho de allí es Nathan—Jay presento a sus amigos con una sonrisa en el rostro.

¡Oye! —Max y Nathan reclamaron pero luego se presentaron Un gusto, Ann.

Una extraña presentación y una bienvenida que Ann no olvidara; después de algunos momentos los chicos ayudaron a Ann a llevar sus cosas. La casa era enorme por afuera pero por dentro parecía un palacio, los chicos condujeron a Ann hasta su nueva habitación, la cual por cierto era muy grande y linda, pero esto no fue lo que llamo la atención de Ann sino que la cama fue la que la “llamo” por así decirlo.

¡Es enorme!grito y luego se dejó caer en ella.

Veo que te gusto, me alegroJohn salió del gigantesco closet que Ann tenia.

Tú si sabes…no pudo soportar el deseo de abrazar a su querido tío.

¡Hay, que linda!grito Max y se dispuso a formar parte del abrazo era su oportunidad ya que Jay había impedido el abrazo en la bienvenida.

¡Ni lo creas! Max se hizo para atrás cuando John le lanzo una mirada asesina.

Hay que desempacar y luego comerNathan cambio de tema rápidamente.

O primero comemos y luego desempacamosdijo Ann con una enorme sonrisa.

—Me agrada como piensas… me estoy muriendo de hambre—dijo Jay saliendo de la habitación.

— ¡Todos a la cocina!—exclamo Max siguiendo a Jay.

—Ya escucharon al hombre—dijo John entre risas.

Todos bajaron a la cocina y merendaron, era algo extraño tener a una chica con ellos pero al parecer los chicos estaban muy felices. Aunque Ann no traía muchas cosas solo ropa y algunos objetos de valor sentimental, fue por eso que no tardaron mucho en desempacar todo. Por lo mucho había sido una hora pero ya había oscurecido para entonces. Estaba más que claro que ninguno de los chicos se iría a la cama temprano, así que todos fueron y se sentaron en frente del televisor para ver una película.

—Chicos ya se los he dicho, vayan a la cama… Mañana tienen una entrevista a las 11:30 a.m., no quiero que lleguen tarde— John repetía lo mismo cada vez que pasaba por la sala.

—Tranquilo no pasa nada, llegaremos temprano—todos sabían que no era así pero Jay siempre contestaba lo mismo.

— ¿Eh? ¿Dónde está Ann?—pregunto John al no verla sentada.

—Está aquí— era una escena enternecedora, Ann había quedado dormida y estaba recostada en el regazo de Max, quien tenía la mano sobre la cabeza del pequeño angelito.

— ¡Aléjate de mí princesa!—John solo golpeo a Max en la cabeza y tomo a Ann y la llevo a su habitación.

—No deberías de ser muy cariñoso—dijo Jay viendo como John se llevaba a Ann.

—Jay tiene razón, John de seguro te manda al hospital—La risa de Nathan se escuchó por toda la casa.

—Que se aguante, ahora Ann también es mi familia—dijo Max haciendo un gesto que hizo que Nathan riera nuevamente.

—A todo esto, ¿Creen que Ann lo sepa?—pregunto Jay casi susurrando.

— ¿Qué sepa qué?—pregunto Nathan dejando de reír.

—Que sepa que sabemos—Jay aclaro la pregunta… en realidad hizo que se confundieran más.

—A ver, a ver, a ver… Explícate—dijo Max quien no entendía absolutamente nada.

—Estoy preguntando que si Ann sabe que nosotros sabemos lo que ella sabe…—al decir esto Jay se confundía cada vez más.

—Mmm… eso suena bien para una canción—Nathan Jayo una pluma y lo escribió.

— ¡Nathan, concéntrate!—Jay no alzaba mucho la voz para que John no escuchara pero al parecer no entendió.

—“Si ella sale que nosotros salemos…” ¡Nathan deberías tomar clases de caligrafía! No entiendo cómo es que compones—dijo John intentando leer la hoja de papel que Nathan tenía en las manos.

—John dice claramente “Si ella sabe que nosotros sabemos lo que ella sabe”… ¡Demonios!—Nathan se dio cuenta de que era una trampa.

—Entiendo… Se lo dije cuando veníamos en camino, descuiden parece que no le importo—dijo John con una sonrisa de victoria en su rostro.

—Que bien… es un alivio—dijo Jay quitándose un peso de encima.

— ¿Saben que sería un alivio para mí?—pregunto John parándose justo en frente del televisor.

— ¿Qué nos fuéramos a dormir?—los tres chicos lo dijeron al mismo tiempo que parecía ensayado.

— ¡Eso mismo! Sería la persona más feliz de la vida—dijo John y apago el televisor— ¡A la cama!

—Buenas noches— los chicos parecían tres pequeños niños regañados por su madre, pero se dirigieron a sus habitaciones sin reclamar.

La noche paso rápidamente y Ann despertó a causa de que el sol le daba en el rostro, se levantó de su cama y se dirigió a cepillarse los dientes y lavarse la cara; minutos después se encontraba en la cocina haciendo el desayuno para los chicos, a decir verdad eso era muy extraño, muy pocas veces Ann quería cocinar, al parecer había amanecido de buen humor. No tardo mucho para que el olor despertara a todos en la casa, y como si hubiesen sido llamados bajaron a la cocina.

—Huela muy bien—dijo Nathan viendo quien cocinaba.

—De seguro sabe mejor—Jay se sentó en la mesa rápidamente.

—… Buenos días… ¡Son panqueques!—Max sonrió al ver lo que Ann estaba preparando, los panqueques eran la comida favorita de todos.

—Si, aquí está la miel, o cajeta si quieren… Mmm, esto también sabe bien con los panqueques—Ann sacaba varias botellas de la alacena.

— ¡Oh, Por Dios! ¡¿Qué sucede?! ¡¿Te iras?!—exclamo John al ver todo lo que Ann estaba haciendo.

— ¡Tonto!... Solo quise hacer el desayuno, me pareció buena idea—Ann solo tomo una de las tantas botellas y se la aventó a John.

—Entiendo, lo siento… es que es extraño—dijo John una vez sentado en la mesa.

— ¡Calla y come!—Ann corto un gran trozo de los panqueques y se lo metió a John a la boca.

El desayuno estuvo bien, todos bromearon y rieron. Era temprano así que no tenían prisa por llegar a la entrevista, pero como era de esperarse, John y los chicos lo olvidaron así que no tardaron mucho en gritar y correr por toda la casa, solo faltaban diez minutos y no tenían tiempo que perder, por otro lado Ann ya estaba lista para irse.

— ¿Mi móvil?—preguntaba Nathan por toda la sala.

—Está encima del microondas, lo dejaste hoy en la mañana—contesto Ann quien esperaba en la puerta.

— ¿Dónde está mi portátil?—ahora el turno de Jay, quien estaba frenético.

—Abajo del sofá, ayer por la noche la dejaste allí— “Ann al rescato” Otra vez.

—Mmm… ¿No sabrás donde está mi guitarra?—Max se acercaba lentamente a Ann quien no se veía muy contenta que digamos.

— ¡Ah, es el colmo!—Ann salió disparada y de vuelta traía la guitarra de Max, algunos papeles de John, los móviles de Max y Jay, la gorra de Nathan. — ¡Aquí está todo lo que buscaban! ¡¿Nos vamos?!

— ¡Gracias!— todos los hombres tomaron sus cosas y sonrieron, luego se dirigieron al auto, no estaban enojados por la manera en que Ann se comportó, en realidad estaban muy agradecidos con ella.

Los chicos llegaron a la radiodifusora y comenzaron con la entrevista, le hicieron varias preguntas, Ann escuchaba todo en la sala de espera mientras que John estaba con los chicos, todos reían y hacían bromas pero esto paro, cuando uno de los entrevistadores hizo una pregunta un tanto personal y no hablo necesariamente de los chicos.

— ¿Es cierto el rumor que la hija de Jack Collins vivirá con ustedes?

—Mmm, eso… pues… nosotros—los chicos pensaban en cómo podían contestar eso o cambiar de tema hasta que John interrumpió.

— ¡Claro! La linda hija de Jack vino a visitarnos, nos ayudara con algunas cosas—dijo John, esto respondió la pregunta.

— ¿Y cómo es? Ya saben su padre la cuida mucho de los medios—dijo nuevamente la misma persona, parecía insistente con el tema.

—Es linda…—Jay recordó la llegada de Ann a la casa.

—Es amable…—Max recordó el desayuno que Ann hizo aquella mañana.

—Y tiene un lindo carácter…—Nathan lo dijo y luego los chicos estallaron en risas al recordar cómo se había puesto Ann en la mañana, eso era todo menos “lindo”.

— ¿Qué sucede?—pregunto otra persona.

—Recordamos algo… ¡Ah! Es cierto nuestra próxima canción saldrá este viernes…—Nathan respondió y luego cambio de tema lo más rápido posible para que no siguieran preguntando por Ann.

Estaba claro que esas preguntas habían incomodado demasiado a los chicos, pero Ann estaba muerta de la risa en la sala de espera, había notado los nervios de los chicos y había sido muy gracioso lo que habían dicho. Aunque muy adentro de su corazón le dolía demasiado tener que recordar a su padre, solo habían pasado unos cuantos días desde que este se encontraba en el hospital a causa de una enfermedad terminal, Ann sabía perfectamente que los medios explotarían eso y haría rumores de su padre, diciendo cosas como que estaba involucrado con las drogas y todo eso. Fue por eso que John le dijo que se mudara con él y los chicos; a los chicos no les gustaba ver las noticias así que no tendría que escuchar a los reporteros y vivían muy alejados de la cuidad así que ningún fotógrafo o reportero los encontraría.

Las preguntas continuaron y “One Fate” así era como se llamaba el grupo de los chicos, aunque los chicos habían dado otras ideas, John opto por poner este nombre a causa de su hermano y de su sobrina, quienes habían ayudado a formar la banda. Al término de una hora el programa termino y los chicos salieron disparados de la radiodifusora a la sala de espera, mucha fue la sorpresa que se llevaron al no ver a Ann, pensaron lo peor “Se enojó con nosotros”, aunque la realidad era otra muy distinta.

—Tranquilos chicos, Ann no está enfadada, se fue al auto para no intervenir entre ustedes y sus fans—explico John quien habría la puerta para que los chicos pudieran salir a dar autógrafos.

— ¡Que alivio! —Dijeron los tres suspirando.


















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